El arranque del Torneo Clausura 2026 ha desnudado una realidad incómoda para Santos Laguna: las buenas intenciones y los discursos sobre fortaleza mental no se están traduciendo en puntos. A pesar de que jugadores como Ezequiel Bullaude aseguran que el grupo se encuentra unido y físicamente a tope, la estadística es fría y contundente: el equipo no ha logrado ganar, y la paciencia de la afición comienza a agotarse ante un patrón de juego que promete mucho pero entrega poco.
Bajo la dirección de Francisco Rodríguez, el cuadro lagunero ha mostrado una incapacidad preocupante para cerrar los partidos, transformando ventajas o momentos de dominio en decepciones al silbatazo final.
El patrón de la desconcentración
Lo que ocurre en la cancha ha dejado de ser una casualidad para convertirse en un síntoma estructural. Los partidos contra Necaxa, Toluca y Juárez han seguido un guion similar: lapsos de buen fútbol, seguidos de «apagones» dramáticos.
La narrativa interna del club apunta a «detalles», pero la realidad expone una fragilidad defensiva alarmante en momentos críticos. Perder la concentración en los primeros 15 minutos o en el cierre de los partidos no es un detalle menor en el fútbol profesional; es la diferencia entre competir y ser un participante testimonial en la liga. El empate contra Juárez, tras ir ganando 2-0, o el colapso ante Toluca tras un primer tiempo brillante, evidencian que el problema no es de talento, sino de gestión emocional y táctica de los encuentros.
Ezequiel Bullaude, quien ha sido de lo poco rescatable en lo individual con un gol y una asistencia, declaró recientemente que «el fútbol no sabe de merecimientos». Sin embargo, el discurso del plantel sigue anclado en la idea de que se pudo haber sumado más.
Si bien el argentino afirma que la pausa en la liga sirvió para «afinar detalles», la prueba de fuego no está en los entrenamientos a puerta cerrada en el Territorio Santos Modelo, sino en la capacidad de mantener el orden cuando el rival presiona. La «libertad» táctica que Bullaude dice disfrutar en el campo es estéril si el equipo no logra mantener el cero atrás o capitalizar su dominio.
La losa de los dos años sin ganar fuera
El próximo reto ante Pumas en Ciudad Universitaria no es un partido más; es un examen de alta tensión. Santos Laguna arrastra una loza histórica de casi dos años sin ganar en condición de visitante, una racha que pesa toneladas en la psicología del club.
Enfrentar a un equipo ordenado como los universitarios requerirá mucho más que «ganas de trabajar». Si los Guerreros no logran erradicar los errores infantiles y la intermitencia en su juego, la visita a la capital podría agudizar una crisis que, por ahora, se intenta maquillar con optimismo, pero que la tabla general se encarga de desmentir semana a semana.