TARDE CUMBRE PARA EL “CEJAS”

Orejas y rabo para el hidrocálido.


 

En una tarde lluviosa se celebró la corrida en la Monumental Plaza de Toros “Valente Arellano” de Torreón, la cual registro tres cuartos de entrada en el tendido, que ante la inesperada lluvia aguantó para disfrutar la clase de los alternantes.

El encierro en términos generales codicioso y bravo en varas, destacando el tercero de y el quinto de la húmeda tarde.

El que partió plaza para el rejoneador Diego Ventura, quien vistió a la usanza andaluza de color verde botella fue, “No que no”, de 495 kilogramos de peso quien mostró codicia y el caballista lo pasó con dos rejones de castigo, mejorando en mucho en la suerte de banderillas donde el toro apretó pero fue toreado a la grupa con demasiada cercanía, tanta, que el astado alcanzó a tocar varias veces la cabalgadura y tras tres banderillas cortas, oficia con un rejón de muerte en buen sitio para el corte de las dos orejas.

En su segundo, ante un toro más parado de nombre “De aquí soy” y de 490 kilos de peso, el cual duda en las banderillas a una mano pero el rejoneador arriesga y pone un espectacular par a dos manos, cabalgando alrededor del toro coloca las rosas en buen sitio y tras un pinchazo y rejón en alto se despide con palmas.

Manolo Mejía vestido de verde manzana y oro recibe a “Siempre bien” de 470 kilogramos de peso con lucidas Verónicas en los medios el toro pelea lo justo en varas, cambia el tercio par de “chicuelinas” y remata con media coreada con olé. Brinda al respetable y comienza con tanda alterna de derechazos y naturales, rematando con molinete.

Tandas de derechazos donde el burel puntea en ocasiones la muleta del capitalino. Pase por alto en los medios y tanda de naturales con poco calado, “vitolina” y “desdén” y naturales de buena ejecución. Pinchazo al oficiar y estocada entera quee hace doblar al enemigo para retirarse con palmas.

Lo artístico vino con el segundo de su lote “Suerte Veneno” el cual es protestado de salida por el poco remate que presenta, después de ser picado invita al matador Arturo Macías a compartir el quite, lo cual resultó lo más vistoso de la torrencial tarde al ejecutar simultáneamente “chicuelinas” y el astado pasando por el centro de ambos alegremente, los toreros gustándose ante el regocijo del público y rematando toreramente con “revoleras”.

Lo artístico.

Con la muleta se pudo apreciar lo más artístico de la tarde aunado al valor del matador que con tandas de derechazos y pases por alto así como molinetes y pases del “desdén” calo lo suficiente para que al momento de oficiar con la espada, se fuera con tres cuartos de acero para que el toro busque tablas y doble para lograr la puerta grande con dos orejas de merito.

La emoción y la valentía del toreo verdad, la puso el hidrocálido Arturo Macías el “Cejas”, ataviado con un terno bellísimo palo de rosa y oro, con su primero en suerte de nombre “Picosito” y de 468 kilogramos de peso estuvo muy por encima de su rival, lo recibió con una larga afarolada de rodillas pegado a tablas para después saludarlo con finísimas” verónicas” a pies juntos, el segundo tercio lo pasa con dos pares y brinda al respetable, inicia valiente mente en los medios con un “péndulo”, le sigue uno de pecho y se lo pasa por la espalda ante un olé que caló muy hondo en el tendido.

Tandas de derechazos que son clamados por la concurrencia, prueba por el lado izquierdo pero el toro es flojo y pierde las manos en par de ocasiones. Al son de “pelea de gallos” torea de hinojos en par de tandas de mucho valor que ponen de pie a los asistentes y al grito de “torero, torero” deja una estocada en buen sitio y entera, pero el de “Golondrinas” se “amorcilla” y tiene que recurrir al descabello el cual surte efecto hasta el tercer intento para dejar ir los apéndices aunque con fuerte petición, dando una vuelta al ruedo con demasiada fuerza.

Pero lo mejor estaba por venir, sale de la puerta de “chiqueros” “No me rajo” que registro en la romana 474 kilos de peso, al cual recibe con dos largas afaroladas de rodillas pegado a tablas que el publico corea fuertemente con olés, inicia su labor muleteril rodillas a tierra calando hondamente en el tendido, el toro regresa en sus manos, el matador muy por encima de las condiciones de su rival, muletazos cortos pero estatuarios y de mucho valor que hacen que el respetable se levante de sus asientos aún con una torrencial lluvia azotando y anegando el ruedo, toca de lado a laso los pitones del toro y vuelve a torear de hinojos, avienta la muleta y besa al toro en el mentón y ambos pitones ante ya un enloquecido público lagunero que no deja de gritar “torero, torero” al ritmo nuevamente de “pelea de gallos”, después al compás de la “filomena” torea por alto sin moverse un ápice para deja una estocada entera en todo lo alto volteando la plaza de cabeza y el juez de plaza otorgando el triunfo con las dos orejas y el rabo.

 
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