Revista YD
Aarón Arguijo

La columna cara de Aarón Arguijo

Indescriptible

Fabulosa, sensacional, increíble, maravillosa, legendaria, magnífica, histórica, memorable, cualquier cantidad de adjetivos se quedan cortos para describir lo que nos entregó la Serie Mundial 2016, finalizada hace apenas unos días con un dramático séptimo juego en el que los Cachorros de Chicago lograron dejar atrás una larguísima racha de 108 años sin coronarse campeones de las Ligas Mayores de Beisbol, en la propia casa de los también muy castigados Indios de Cleveland, contra quienes el destino se ensaña y no les permite ganar una corona desde hace más de 6 décadas, prácticamente el mismo tiempo que hemos esperado aquí en La Laguna para celebrar.

Luego de estar abajo por 3 juegos a 1, todo hacía indicar que la Tribu sería la ganadora y la “Maldición de la Cabra” no desaparecería, pero un grupo de peloteros que hoy ya son ciudadanos distinguidos de la “Ciudad de los Vientos” se negó a ser parte del cruel maleficio y en base a bateo oportuno y buena defensa lograron quedarse con el anhelado gallardete. El venir de atrás y ponerse 3 juegos a 3 parecía ya demasiado para los Cubs y sus fieles aficionados, pero jamás estuvieron satisfechos y siguieron buscando el triunfo, mérito suficiente para llevarse el trofeo a casa.

Forzando a un séptimo juego se disparó aún más el morbo por conocer al nuevo campeón de las Ligas Mayores, la prueba es que el nivel de audiencia televisiva fue el más alto de la última década y se estableció un récord de menciones en diferentes redes sociales, es decir, el miércoles 2 de noviembre, nuestro Día de Muertos, en México y en gran parte del mundo estábamos atentos a lo que sucedía en el Progressive Field, donde dos franquicias tradicionalmente sufridas, se disputaban la máxima alegría de MLB.

Desde el cuadrangular de Dexter Fowler, primer bateador del juego, ya el Rey de los Deportes nos daba un aviso de que sería una velada inolvidable, al pegarle a Corey Kluber, la máxima carta de los Indians y quien había estado intratable durante el Clásico de Otoño. Los locales pelearon con gallardía y lograron empatar el juego, aunque nuevamente se vieron superados y comenzó una historia de drama que atrapó hasta al más ajeno de los aficionados a los deportes, de repente ese maravilloso juego que tiene como epicentro una pelota de 108 costuras, atrapó a todos en un trance hipnótico.

Nos emocionamos, vibramos, hubo incluso hasta quien lloró, sobre todo cuando Rajai Davis le pegó el cuadrangular que empataba el juego a Aroldis Chapman, cuando los Cachorros ya estaban a punto de destapar el champán. Incluso Tlaloc apareció, no quería perderse detalle del encuentro y fue benévolo al no interrumpir demasiado, dando oportunidad a que los Cachorros levantaran la corona, pusieran fin a 108 años de sequía y desataran toda clase de celebraciones sui generis, desde quien destapó una cerveza que tenía 35 años en el refrigerador, hasta quien saltó de gusto junto a la tumba de algún ser querido.

La coronación de los Cubs es una bocanada de aire fresco no sólo a las Ligas Mayores, sino al beisbol en general, siempre se agradecerán esas renovaciones en nuestro querido deporte, el cual ahora otorgó una inmensa alegría a mis amigos Agustín Pérez, Mickey Fernández, Mauricio Guizar e Isaac Hernández, laguneros que han sufrido mucho tiempo con su querido equipo y que ahora gozaron al por mayor. El beisbol sigue con la pelota invernal, así que habremos de pasar un cálido fin de calendario. Buen fin de semana, y recuerden disfrutar la vida, hasta que caiga el out 27.

Nota: Las columnas que se presentan en yodeportivo.com, son responsabilidad de sus autores y no reflejan la opinión periodística de este medio

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